Entrevistas

El hombre que pintó de rojo y blanco el Río de la Plata

Damián Blaum es nadador e hincha del Más Grande y superó un récord que durante 25 años nadie pudo romper. El rol determinante de un jugador de River en esta historia.

Por Tomás Torres

Nueve horas, seis minutos. La alarma suena y ni siquiera transcurrió un cuarto del día. Le da un beso a su hija de tres meses, Gala, y a su pareja y también su entrenadora, Esther. Desayuna. A las 6:20 llega al CeNARD, corre media hora, ejercita 50 minutos en el gimnasio y a las 8:30 se hunde en la pileta enorme: llegó a su casa. A las 10:30 terminará, volverá a su hogar para almorzar y dormir una siesta, y a las cuatro de la tarde meterá los pies nuevamente en el agua para nadar dos horas y media más.

Nueve horas, seis minutos. Cuarenta y dos kilómetros. Damián Blaum tiene 36 años, es nadador de aguas abiertas, campeón mundial en 2009, luego de ganar el maratón más largo del mundo, el Hernandarias-Paraná, y representa a River Plate. También, es parte del Seleccionado Nacional y participó en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.

Nueve horas, seis minutos. Cuarenta y dos kilómetros. Y el Río de la Plata en todo su esplendor. Por el corredor entre Colonia del Sacramento, Uruguay, y Punta Lara, Buenos Aires, un punto diminuto, pero enorme, traza una línea recta. Y lo hace más rápido que cualquiera en la historia. Una hora y 24 minutos, exactamente, más veloz que Gustavo Oriozabala (1993), para nadar cuarenta y un kilómetros en nueve horas, seis minutos.

–¿Cuándo fue la primera vez que se te pasó por la cabeza hacer el cruce del Río de la Plata?

–Siendo porteño y habiendo viajado tantas veces en el ferry a Colonia, desde chico pensaba que ese mismo trayecto, en algún momento, lo iba a poder hacer nadando. Conocía a mucha gente que lo había intentado y hace dos años investigué cuál era el récord, para ver si era posible o no. La verdad es que no corrí pensando en él; el primer objetivo era llegar. Después, si las condiciones me acompañaban, intentaría bajar la marca.

–¿Tuviste una preparación física especial para este desafío?

–No hice un entrenamiento específico para el Río de la Plata. Entreno todos los días para competir en el circuito mundial y esto me servía como parte de ese entrenamiento. Además, para tener un objetivo más cercano hasta la próxima Copa del Mundo, que será en julio en Canadá.

–¿Y mentalmente fue distinto a las carreras habituales?

–Esta vez estuve muy tranquilo, sin el estrés de estar compitiendo con otra gente. Si bien en nueve horas se aparecen un montón de pensamientos negativos, lo único que debía hacer era tratar de eliminarlos rápido de mi cabeza y pensar en cosas que me motivaran, esas que me hacen bien.

–¿Cuáles son esas motivaciones?

–Pienso en mi pareja, en mi beba y en la gente que me apoya, que es mucha. Y también, tengo tiempo para pensar en situaciones distintas, algunas un poco extrañas. Por ejemplo, como un enfermo de River que soy, a veces me imagino a Ponzio tirándose al suelo para barrer una pelota. Antes me pasaba lo mismo con Mascherano. Hace pocos días recibí un mensaje en video de Ponzio: fue el mejor regalo para mí.

–¿Cómo es tu vínculo con el club?

–Represento a River por puro amor a la camiseta, porque es el club que amo. Pago mi cuota todos los meses, como cualquier socio. Los entrenadores de ahí son amigos míos y cuando necesito entrenar en la pileta tengo mi espacio y un poco más de comodidad. Por lo general entreno en el CeNARD, donde lo hacen todas las selecciones, pero a veces voy al club porque me identifico mucho con los colores.

El 14 de febrero de 2018, Damián se lanzó al río en Colonia y nadó 21 kilómetros, hasta que su guía le dijo que frenara. ¿Cómo? Sí, que frenara. A mitad de camino se enteraron que los papeles necesarios para entrar en aguas argentinas no estaban habilitados: “Sentí mucha amargura, porque yo me dedico a nadar y todo lo demás son cosas que tiene que manejar otra gente”. Sin embargo, esa misma noche, al llegar a Buenos Aires, le ofrecieron volver a hacerlo tres días después. No lo dudó ni un segundo. A las 6:23 del 17, otra vez estaba en el agua.

–¿Cómo es la alimentación antes y durante una carrera de esta magnitud?

–En los días anteriores hago una ingesta muy grande de carbohidratos y muchísima proteína. Y mientras corro, cada quince minutos me hidrato con un líquido que también tiene carbohidratos: es como si comiera fideos todo el tiempo. Después, cada una hora, como un pedazo de banana.

–¿Qué importancia tiene tu entrenadora y pareja, Esther, en todos tus logros?

–A ella la conocí nadando y hace un par de años se convirtió en mi entrenadora. Es una campeona del mundo también y me aporta toda su experiencia. Me gusta entrenar con ella por la seguridad que me transmite porque entiende este deporte como nadie.

–Tenés 36 años, ¿es una buena edad para competir en aguas abiertas?

–No hay un límite para esto, pero entre los 33 y los 39 se puede nadar muy bien, porque es un deporte en el que se necesita de mucha experiencia. Así que considero que estoy en un buen momento. Todavía me queda mucho.

–Hablando de lo que te queda, ¿cuál es el próximo objetivo, tu próxima locura?

–En noviembre o diciembre de 2018 quiero cruzar el Canal de Beagle, pero todavía tengo que entrenar mucho, porque las condiciones son de frío extremo. Pero lo puedo hacer.

LA HISTORIA HECHA LIBRO

En 2009, en ocasión de la maratón Hernandarias-Paraná, el periodista Federico Bianchini se acercó hasta la competencia para narrar una crónica de la carrera más larga del mundo de aguas abiertas, que luego se tradujo en un capítulo del libro ‘Desafiar al cuerpo’: “Allá estuve hablando con varios nadadores y decidí elegir a Damián como protagonista de mi texto: fue una buena elección porque salió primero y ganó la carrera”. Luego de varias entrevistas, Federico se encargó de pasar al papel esos detalles, emociones y dolores que Damián había padecido y atravesado a lo largo de las 8 horas y 17 minutos: “Hay una parte muy significativa del deporte que no está narrada; los periodistas siempre se ocupan de dar los datos duros, pero se olvidan de las emociones. Me interesó investigar ese aspecto y, también, conocer qué piensan personas como Damián que pueden nadar más de ocho horas sin detenerse”. Como una primicia, el nadador nos contó que próximamente, el libro se transformará en una serie audiovisual y su historia será contada en un capítulo de 28 minutos.

 

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