medioNota de tapa

Nuestro Ángel

A 40 años de su partida, repasamos la enorme obra de Labruna. Cómo se creó el Día Internacional del Hincha de River Plate en homenaje a él, su vida ligada al club y una serie de testimonios para entender por qué es el mayor ícono de la historia.

Textos: Germán Balcarce

Es el principal ícono de River. Aunque falleció hace ya 40 años, su rostro está inmortalizado en la retina de los hinchas. No importa si no pudieron verlo en acción como jugador o técnico, todos saben que su amor por el manto sagrado era gigante en sintonía con su rechazo por el rival de toda la vida, al punto de taparse la nariz cada que visitaba la cancha de Boca. Él representa al máximo la filosofía del club tanto dentro como fuera de la cancha. Por eso, desde hace 20 años, el Día Internacional del Hincha de River Plate se conmemora en honor a su fecha de nacimiento, el 28 de septiembre de 1918. Ni siquiera lo mencionamos, pero tampoco es necesario hacerlo, aunque el rigor periodístico así lo demanda para un personaje de historia inabarcable en un puñado de páginas. Se trata, por supuesto, de Ángel Amadeo Labruna, Angelito, nuestro mayor ídolo, el hombre que casi toda su vida estuvo ligado directamente al club, el máximo goleador y el que le anotó 16 veces oficialmente a Boca, el más ganador junto con Marcelo Daniel Gallardo gracias a la obtención de 22 títulos. El hombre que nunca dejó de estar pendiente de su amada banda roja cuando le tocó defender los intereses de otra institución, una eventualidad, teniendo en cuenta que jugó dos décadas en el primer equipo del Millonario y tuvo tres ciclos al mando del plantel, siendo responsable nada menos que de cortar la racha de 18 años sin vueltas olímpicas.

Representatividad

El Día Internacional del Hincha de River Plate, que celebra la pasión por los colores cada 28 de septiembre desde 2003, se formalizó hace dos décadas. Su origen tuvo lugar en una reunión de la Subcomisión del Hincha, que en ese momento tenía como responsable a Fernando Guarini, hoy integrante de la Asamblea de Representantes de Socios. En aquel momento, bajo la primera presidencia de José María Aguilar en la institución de Núñez, el área destinada a la fiesta de cada domingo en las tribunas del Monumental impulsó la propuesta que tuvo Cristian Callejas, uno de sus miembros. “La idea empezó en una reunión de esa primera Subcomisión del Hincha. Buscando una referencia y tener un día para el hincha de River, surgió la figura de Labruna porque nos sentíamos identificados como jugador y técnico, pero también por cómo sentía, cómo vivía, cómo declaraba y 

cómo transmitía su amor por River. Nos parecía más significativa la fecha de nacimiento que la fecha de la muerte por lo que significa la vida. Lo elevamos a Comisión Directiva y se aprobó. Al principio, poquitos lo festejábamos en el club. Hoy se festeja a nivel mundial”, recuerda Guarini, en diálogo con Revista 1986.

River, vos sos mi vida

Ángel Labruna llegó al mundo en la ciudad de Buenos Aires, más precisamente en el barrio de Recoleta. Todavía no existía el estadio Monumental. Ni siquiera estaba en los planes. Sin embargo, la camiseta tricolor de aquella época, titular desde 1909 hasta que la banda roja logró volver para consolidarse definitivamente a partir de 1932, se ganó el corazón de Angelito. La casa de River estaba en Alvear, hoy llamada avenida del Libertador, y Tagle, a pocas cuadras del hogar de Angelito, ubicado sobre Las Heras. Allí empezó a formarse en las Divisiones Inferiores del club luego de tener una breve experiencia ser campeón jugando al básquet. Su padre, Ángelo, nacido en Italia, lo hizo socio de la institución en 1928. Además de hacer gimnasia y patear la pelota número cinco durante su adolescencia, Labruna conoció a Anita, también socia de la institución, su futura esposa y madre de sus dos hijos, Daniel, que falleció como consecuencia de una leucemia cuando apenas tenía 20 años, y Omar, ganador de un título en el Millonario como jugador (45 partidos oficiales, un gol) y multicampeón siendo ayudante de campo de Ramón Díaz. Ahora, cuatro décadas después de su partida, el apellido sigue vigente en River porque Natalia, una de sus nietas, trabaja en el club. Y hasta hace un par de años Marco, uno de los hijos de Omar, estuvo en las categorías formativas. El ADN, intacto.

El hombre gol

Aunque su función no era exactamente la de un centrodelantero clásico, denominado centroforward en su época, Labruna era sinónimo de gol. Actuaba como entreala izquierdo, lo que hoy se asimilar a un mediocampista interior. De una manera u otra, la inteligencia de Angelito para llegar al área y su precisión para vulnerar los arcos rivales hicieron que se convirtiera en el máximo artillero tanto de la historia de River como del fútbol argentino.

Integrante de La Máquina, el famoso ataque de River que se ganó el reconocimiento a nivel mundial por su brillante desempeño, el Feo vistió durante 20 años el manto sagrado en el plantel profesional, con un lujo incluido: dos vueltas olímpicas en la cancha de Boca. Su debut oficial fue el 18 de junio de 1939, cuando el Millonario, ya bautizado así por las grandes compras en el comienzo del profesionalismo, perdió por 1-0 frente a Estudiantes, en La Plata. Con 21 años recién cumplidos, en esa misma temporada marcó su primer gol en un 4-2 sobre Atlanta, en Villa Crespo. La suma en total por certámenes de la elite da 293 tantos, la misma cantidad que el paraguayo Arsenio Erico con Independiente, siendo ambos los máximos artilleros de la historia de la principal categoría. Sin embargo, hay una investigación minuciosa para lograr que cada conquista de los dos esté debidamente verificada, un tema que mantiene atento a Patricio Nogueira, vicepresidente del Museo River: “La gente de revisionismo (NdeR: diferentes historiadores que participan del Centro de Investigación e Historia del Fútbol) está revisando muchos goles de Labruna, Erico y otros jugadores, pero hacen más profundización en Labruna y Erico por el cabeza a cabeza en el cómputo de goles de Primera División. Es un trabajo muy lento. Conozco a muchos de los que hacen, son grandes profesionales. Comparan medios y fotos de la época”. Más allá explicar en detalle el asunto, el hombre que periódicamente encabeza un trabajo brillante junto con Rodrigo Daskal, responsable de dicha área ubicada a metros del Monumental, aclara que el Feo está por encima de Erico en líneas generales: “Si hablamos de los goles estrictamente oficiales, Labruna tiene 318, sumando campeonatos de Primera División, copas rioplatenses y copas nacionales. Es el máximo goleador del fútbol argentino en partidos oficiales, por supuesto”.

Veinte años integró el primer equipo de River hasta que la Comisión Directiva decidió ponerle punto final en la Navidad de 1959 mediante un telegrama para comunicarle que prescindiría de sus servicios. Su carrera continuó con pasos efímeros por Uruguay y Chile, vistiendo en 1960 las camisetas de Rampla Juniors y Rangers, respectivamente, mientras que el cierre definitivo fue con Platense en la antigua Primera B, segunda categoría de ese momento, en 1961.

El gran DT

No sólo fue un goleador maravilloso, sino que además brilló en el banco de suplentes. Así era Labruna, gigante en el mundo del fútbol argentino. Hasta se dio el lujo de dirigir a dos equipos al mismo tiempo: mientras conducía a Platense en Primera División, ganaba un título con Defensores de Belgrano en el Ascenso. También obtuvo el título del Campeonato Nacional de 1971 en la máxima categoría al mando de Rosario Central, protagonizó dos ciclos en Talleres (Córdoba) y, cuando murió, era el entrenador de Argentinos Juniors. Sin embargo, ninguna de sus campañas en los clubes mencionados alcanzó la magnitud que tuvo en River al romper la sequía de 18 años sin vueltas olímpicas, la peor marca en la historia de River. Aunque una huelga le impidió festejar con la base del equipo en la noche de la conquista ante Argentinos, Angelito sepultó lo que a esa altura era una suerte de maleficio desde 1957, año en el que todavía era jugador del Millonario. No conforme con ponerle punto final a esa carga inimaginable para cualquier hincha de las generaciones actuales, consiguió el bicampeonato en ese 1975 inolvidable, engrosó las vitrinas al conquistar el Metropolitano de 1977 y, como si fuera poco, ganó un tricampeonato al quedarse con los dos certámenes de 1979 y el Metro de 1980. Durante esa época, tuvo bajo sus órdenes a su jugador mimado, Norberto Alonso, y a un prometedor Ramón Díaz, a quien supo exprimir en sus inicios: “Vos, pibe, entrás en los segundos tiempos y los matás a los rivales con tus piques”. Con el Beto hay que hacer una mención especial porque era tan estrecha la relación con el Feo que Anita, la esposa de Angelito, le regaló un anillo emblemático con las letras A, R y L, cuyo significado es en alusión a Ana, River y Labruna.

Más allá de haber obtenido seis títulos como DT de El Más Grande, una campaña negativa en la Copa Libertadores de 1981 desembocó en su salida del club. “Yo de River no me fui, más bien me dijeron que me tenía que ir, que es distinto. Y las explicaciones que me dieron fueron siempre muy confusas, hasta me ofrecieron un puesto de manager o algo por el estilo que no acepté. Además, salió lo de Talleres, entonces me fui. Todavía hoy no sé si me echaron los dirigentes o me sacaron por orden de otra persona”, expresó el Feo en aquel momento. Tanto dolor le causó esa partida inesperada a Angelito que hasta provocó un sincericidio: “Cuando me fui de River, llegué a creer que se terminaba el mundo. Si hasta me quise pegar un tiro. Anduve como un loco toda la noche. No podía dormir. Salí a dar vueltas y vueltas. No quería volver a casa”.

Hasta la eternidad

El vestuario local del Monumental lleva su nombre. También el puente que está a metros del acceso de la avenida Udaondo. Una imponente estatua de bronce que representa su imagen como jugador desde el 6 de noviembre de 2015 acompaña al Museo River, sobre la avenida Figueroa Alcorta, muy cerca de la puerta principal del club. A pocas cuadras, en la calle Lidoro Quinteros, está la casa donde eligió vivir para situarse muy cerca de su verdadero hogar, la cancha de River.

“Labruna es todo, es River. Nació y vivió por el club. Paradójicamente, el último partido que dirigió a Argentinos Juniors fue en el Monumental, un 1 a 1 de 1983. Cuando era técnico de los rivales de River y veía jugadores de River que no ponían toda la actitud, él desde el otro lado les decía ‘ustedes no se dan cuenta de la camiseta que tienen puesta’. Labruna es todo, por eso es nuestro mayor prócer, nuestro ícono. No hacen falta las palabras: con decir Labruna o decir Angelito, decimos todo”, reflexiona Nogueira. Es que Angelito era River. Angelito es River. Ayer, hoy y siempre. Por eso en este mes especial para él porque fue el de su nacimiento, pero también el de su muerte, el 19 de septiembre de 1983 cuando tenía 65 años y falleció a raíz de un paro cardíaco tras una operación de próstata, recordamos el Día Internacional del Hincha de River Plate con un orgullo gigante.

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