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El sueño del pibe

Su profesión lo ubicó en un lugar privilegiado para cualquier fanático de River. Federico Peretti cuenta cómo adaptó su pasión por los colores desde la fotografía.

Si alguien me hubiera dicho hace veinticinco años que iba a estar haciendo una producción fotográfica con una figura de River, le hubiera dicho que estaba loco. Ni en mis mejores sueños imaginaba, a mis once años, estar hablando de igual a igual con un jugador de River. Y eso que soñaba, y mucho. Mi habitación estaba empapelada de pósters del más grande, pero empapelada en serio. Tendría cerca de cuarenta.

Me dormía imaginando cada partido, cada jugada. Con el tiempo me fui dando cuenta que era bastante malo con la pelota, y la idea de estar cerca del fútbol fue quedando de lado. O me limité a mi rol de hincha, como nos pasa a casi todos. Ir a todos los partidos, intentar estar en todas las canchas cuando se podía, y si la guita no alcanzaba, seguirlo por televisión. Pero un día la cosa cambió.

Hace ocho años empecé a laburar como reportero gráfico, y a ver a River desde otro lado. Y nunca más volví a la tribuna pese al reproche de mis amigos. No niego que lo extraño, sí, esa sensación de no poder gritar los goles es difícil. Funes Mori o Driussi se me pararon a un metro festejando en la Bombonera y festejé en silencio. Barovero le atajó el penal a Gigliotti y tuve que preocuparme por tener una buena foto en vez de salir gritando como un loco. Alario metió el gol en la final de la Copa cuando terminaba el primer tiempo y salió festejando para el otro lado, por lo que tuve que correr casi cien metros para conseguir la foto. Y el Burrito en sus últimos partidos, Cave, Chori, Trezeguet, Piscu, Sánchez y tantos otros.

Siempre estuve ahí, gritando por dentro, extrañando ser un hincha de tribuna, pero festejando ser un hincha fotógrafo a pocos metros de donde pasaban las cosas. No es metiendo un gol, pero sí desde cerca, cumpliendo un poco esos anhelos de niño. Estoy seguro de que el Federico de 1991, al que su mamá lo llevaba al complejo de Villa Martelli a ver los entrenamientos, que iba con sus camisetas y cuadernos para autografiar, se moriría de la envidia de saber hasta dónde llegué con esto de pedirles fotos a mis jugadores.

Pero es así, los años pasan y hoy estoy desde este otro lado, y no miento si digo que un poco nervioso me pongo. Es el instante en que toda esa mezcla de hincha y de fotógrafo llega a su máxima expresión. Es salir a hacer la producción de tapa de Revista 1986 y saber que voy a pasar un momento lindo, que me va a quedar en la memoria. Se disfruta saber que me voy a encontrar en el campo de juego del Monumental con Barovero o Joni Maidana, o en un café con Amadeo, o con Cavenaghi en su casa luego de la lesión. O con el Chino Rojas, ahora, en este gran presente del equipo del Muñeco.

Es el momento en que podés charlar de igual a igual con un jugador del plantel, que te escucha, al que le preguntás si le gusta tal o cual foto, o si no se siente incómodo posando de tal o cual manera. Él es el jugador importante del primer equipo de River Plate, y vos el fotógrafo importante de la Revista. Es una linda sensación, en la que queda de lado el cholulo, el hincha, y te nace el orgullo profesional. Obviamente, no es meter un gol con el Monumental repleto, pero es lo más cerca que se puede estar para quien trabaja de esto.

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