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La Abuela de River

La historia de Mercedes Forn, “la abuela de River”, quien desde su balcón en Lidoro Quintero vive cada partido de River recordando aquel día en el que estuvo en la inauguración del Monumental. Sus recuerdos millonarios y su especial relación con los hinchas.

Ella tiene 98 años, cumplidos en mayo pasado. Una vecina mítica del barrio en el que se instaló el Monumental. Mercedes Forn vive a cinco cuadras del club, a metros de Lidoro Quinteros y Av. del Libertador y es socia del Más Grande. El pasado 24 de noviembre, mientras miles de hinchas entraban por Quinteros en la previa de la final que se postergaría, ella salió con su bandera de River para compartir un momento emocionante. “La bandera la hice yo, agarré la funda de una almohada y le cosí una banda roja. Lloré mucho ese día, porque pensaba en Tito, mi hijo, que era fanático de River también”, contó Mercedes. La gente al verla con la bandera instantáneamente coreó “abuela, abuela, abuela” y al rato con el ritmo de la canción que se le hizo al Pity Martínez, la canción que se improvisó fue: “Ahí viene la abuela, que loca que está…”. El tercer hit de esa tarde dedicado para ella siguió: “Vení, vení, cantá conmigo… que de la mano de la abuelita, todos la vuelta vamos a dar”, mientras Mercedes sobre su silla de ruedas se emocionaba hasta las lágrimas.

 

Su historia con el club está vinculada a su marido, que partió hace varios años y dejó el legado de una familia riverplatense. “Él era socio, desde que River estaba en Tagle, tenía el número de socio 300 y pico”, recordó la abuela. En parte, el número de socio 348 está a nombre de Mercedes Josefa Forn de Altarriba, como se puede apreciar en la libreta que entregaban en su momento para los socios. En una bolsa guarda el tesoro de la familia que los vincula al club. A los cinco años vivía en Belgrano, cuando la zona estaba repleta de quintas. Ella cuenta que en el bajo Belgrano, lo único que existía era la fábrica de Campomar. Luego, se construyó la iglesia que está cercana al Monumental. “Cuando pusieron la piedra fundamental del estadio tenía 14 años, yo estuve ahí”. Se construyó el Monumental y en ese tiempo, creció Mercedes y se casó. “No pude casarme en la iglesia de Santiago Apóstol porque todavía no tenían los bancos, sino me hubiera casado al lado del Monumental y hubiera sido el primer casamiento de la parroquia”, relató. En su recuerdo viven aquellas noches de baile en el club, cuando se acostumbraba que el hombre invitara a bailar a una dama con un movimiento de cabeza.

 

Ella llegó a Lidoro Quinteros luego de vivir en Arribeños y Manuel Ugarte, a unas cuadras del Barrio River, como se le llama hoy al lugar donde vive. “Fue en la década del 40, acá estaban las cantinas maternales. Cuando vinieron Perón y Evita, que tenían peleas por las damas de beneficencia. Evita las eliminó y quedaron los negocios y la casa vacía, entonces nos mudamos y desde ahí nunca más me quise mudar”. Estar en las inmediaciones del club hizo que le tocara tener vecinos de privilegio, como Ángel Labruna y Pinino Más, leyendas del club que conocieron a la familia. Mercedes cuenta que su hijo tenía muy buenas condiciones con la pelota y que Angelito lo llevó a probar al club que dirigía, no recuerda si fue en Platense o en Defensores de Belgrano, ya que El Feo era técnico de ambos clubes en simultáneo. Ella lo recuerda como Don Ángel, a quien siempre fue el ídolo de los Altarriba.

Antes iban a la cancha todos juntos. O mejor dicho, por un lado los varones en la tribuna San Martín y por otro las mujeres, a la tribuna Centenario. “Cuando venía Carrizo al arco nuestro le cantábamos, ´Que tire un besito lala, la, lala´. Era muy buen mozo”, recuerda.

Su última visita al club fue en una cena que organizó la dirigencia de Passarella, para el Día de la Mujer, en la que Mercedes recibió una carta de invitación y en la celebración tuvo la posibilidad de coquetear con el ex presidente. “Nos llamó la atención, nos mandaron una nota para convocarnos. No sabía para qué era, y nos encontramos con esa fiesta, muy linda. En ese momento se le daba mucha importancia a la gente grande del club”, relató. Esa noche, cuando Passarella pasó por su lado le dijo: “¿La acompaño?”, a lo que Mercedes le respondió: “No quiero comprometerte”. Passarrella se quedó paralizado y se largó a reír.

 

Mercedes reveló su secreto para seguir firme y de buena manera, entre risas: “Primero, soy una persona tranquila y segundo, tomo siempre, todas las mañanas, levadura de cerveza”.

Ella vivió gran parte de la historia del club. En su memoria está cuando el marido le contaba sobre los partidos que jugaba el Millonario en Tagle. Luego, la última mudanza de River, el crecimiento del barrio y de la institución. El mundial de fútbol de 1978. Sin embargo, el recuerdo que revive todos los días, como asegura su hija Betty, es el del día de la final que no se jugó en el Monumental. “No quiero exagerarlo, la gente que pasó por acá en el River-Boca eran cientos de personas y yo estaba en el balcón”, cuenta. “De eso se acuerda todos los días, y siempre que hay partido, ella quiere salir”, suma la hija. La pérdida de su hijo, que era fanático de la banda hizo que Mercedes dejara de ver los partidos porque se angustiaba. Ella veía todos los partidos. Sin embargo, en cada partido, cada gol que escucha desde su living es una sonrisa al cielo.

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