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Carrascal, una vida entre la pelota y la transgresión

River anunció que pagará los 2 millones y medio de euros del pase de Jorge Carrascal y será oficialmente jugador del club. Ya sabés quién es... ¿sabés? Conocé la historia marginal y oscura del colombiano.

Por Tomás Torres @tomitorres93.

El enganche colombiano Jorge Carrascal llegó a River en enero de este año y desde entonces, todos saben quién es el “Neymar colombiano”. ¿Saben? Detrás de su voz tímida, de los quiebres de cintura en la cancha y de su picardía, hay una historia de lucha que nace desde las entrañas mismas de la Latinoamérica profunda, en un barrio marginal de Cartagena de Indias, donde un pibito supo gambetear las más oscuras realidades y llegar al club más grande del continente.

 

A diez kilómetros de asfalto y polvo, alejada de las antiguas construcciones de la Ciudad Vieja Amurallada y de las olas transparentes que mueren a los pies de sus fuertes y a la arena de sus playas blancas, escenario de batallas e insurrecciones y de cuerpos tostándose al sol, crece otra ciudad, menos paradisíaca, menos lujosa, pero más real. En los barrios populares de Cartagena de Indias, la meca del turismo colombiano, no hay aguas turquesas ni los dólares suficientes para llenar la panza con los manjares del Mar Caribe, y la Historia, detenida y preservada en otros rincones, avanza sin tregua, sin piedad. En uno de esos entramados, donde los peligros aumentan por el devenir lógico y cruel de un sistema que hambrea y excluye, creció un pibe con una vida que merece ser contada y que lleva el nombre y apellido de Jorge Carrascal.

 

EL BARRIO

De niño, primero jugué al béisbol, pero siempre me gustó patear la pelota. Mi padre y mi madre me mostraban videos de Ronaldinho, más que todo de Barcelona. Entonces, a los 11 años empecé a jugar al fútbol”, dice, desconcertando, como si fuera lo natural en un pibe que cinco años después estaría en la élite. Pero es que en su barrio Escallón Villa no había cancha y debía irse a otros cercanos. En Calamares sí había una de pasto sintético y arena, pero la pica entre barrios, a veces irreconciliable, le cerraba las puertas. A esa edad ya formaba parte de las categorías infantiles del Club Heroicos y para entrenar, debía recorrer cuatro kilómetros a pie, en moto o, cuando había alguna moneda, en colectivo, para llegar hasta Alameda La Victoria.

En la casa de los Carrascal había necesidades, pero no faltaba para comer. Su padre Jorge Luis es docente de educación física y su madre Olga Esther trabajaba en una tienda de zapatos. Así llevaban la comida a la mesa de Jorge, su hermana y sus dos hermanos, todos menores que él. El fútbol, hasta donde pudo acompañarlo, fue lo que lo mantuvo alejado de los vicios de la calle, muchas veces escuela, muchas veces hoguera. Porque ahí, en la selva donde se forjan tantas vidas y tantas muertes, es donde un mal consejo puede arrancarte todo: “De vivir en el barrio aprendés muchas mañas, todo lo malo. Lo más fácil que le pueden brindar a uno ahí es la droga. Y después de eso, muy poco tienen la posibilidad de salir adelante. En el barrio hay bandidos”.

En el ambiente del fútbol, Cartagena lleva un nombre que la describe mejor: “La Brasil de Colombia”. No por sus playas, incluso mejores, sino por el producto de sus polvorientas canchitas: “En Cartagena hay muchísimo talento. He visto muchos jugadores de la ciudad, muchos amigos y conocidos mayores que eran unos cracks jugando, pero en esos tiempos no había personas que apoyaran, porque también entrar en los barrios siempre fue complicado. No entra cualquiera. Pero es verdad, hay mucho talento en general”.

Durante esos primeros años, con el apoyo de su tío Rafael Guardo, entrenador en Heroicos, y del presidente de la Liga de Fútbol de Bolívar, Albeiro Giraldo, que le pagaba los pasajes para jugar torneos en todo el país, el enganche fue creciendo como futbolista, con una gambeta pícara, atrevida y con esencia de potrero. Por entonces, ya entrenaba con la selección de Bolívar, pero apenas eran momentos, torneos de pocas semanas en un calendario cada vez más vacío. En la escuela a la que asistía, la misma en la que trabajaba su padre, le pusieron un ultimátum a su incipiente mal comportamiento: o se iba él o lo corrían a su papá. A los 13 años dejó el estudio y la calle pasó a ser el escenario donde discurrían sus días, largos, lánguidos, una realidad peligrosamente seductora.

 

Y HUBO UN QUIEBRE

Me volví muy rebelde -cuenta Jorge-, dejé el fútbol y me dediqué a hacer otras cosas. Estuve un año sin jugar y hacía de todo. Lavaba motos y era barrita del equipo de mi ciudad, el Real Cartagena. Con mis amigos del barrio empezamos a viajar a todos lados, pero como no teníamos plata nos transportábamos en mulas, en camiones. Así íbamos de ciudad en ciudad. Era una cosa bien arriesgada, porque hinchas de todos los equipos hacen eso, entonces en la ruta te podías encontrar a uno de otro club y había que pelear”.

¿Qué otros caminos había? Jorge no era un caso fuera de serie, sino lo que la sociedad le decía que debía ser. Tantos fines sin proporcionar los medios. Tanta opulencia ante los ojos de la más desoladora carencia. Así pasó varios meses, en la oscuridad, cuando solo era un niño. “Era lo que vivía en el momento, lo que hacían todos mis amigos. Aprendía a sobrevivir”, dice. Las marcas de esos tiempos las lleva en su piel, cicatrices en su memoria.

Cada vez que vuelve a su barrio, en el que todavía vive su familia y no piensa abandonar, visita a esos amigos, los que estuvieron siempre con él y recuerda con cariño. Los extraña, pero como se extraña a un lugar al que sólo se regresa de paso, donde es bien real el riesgo de morir por una bala sin nombre.

Ahora hay muchos sobrepasados de droga, que roban, que pelean, que están metidos en problemas graves y los andan buscando para matar. A mí me gusta estar con ellos, voy y los saludo, me quedo un ratito… por mi bien. Algún día los pueden ir a matar y yo quedar en el medio. ¿Qué hago si una bala me pega a mí, sólo por estar ahí? Porque la bala no conoce a nadie”.

 

VOLVER A CREER

Había un torneo con la selección de la ciudad que se jugaría en Barranquilla y a Jorge se le cruzó por la cabeza la idea de ir, mientras se encontraba en una de las giras por el país con sus amigos de la barra del Real Cartagena: “Ellos me decían no vayas, no vayas, pero al final me volví solo. Cuando llegué a mi casa y le dije a mi familia que iba a jugar, mi abuela se puso a llorar de la felicidad. Me decía que estaba muy descontrolado. Y fue en ese torneo en el que me vio Neys Nieto, que trabajaba para el club Millonarios y me ayudó para ir a Bogotá”.

Neys se impresionó al verlo por primera vez. Una gambeta difícil de olvidar. El entrenador de Millonarios, el club más ganador de Colombia, era en 2014 el argentino Ricardo Lunari. “Yo había llegado y el club ya estaba eliminado del campeonato. Faltaban jugar dos partidos y él estaba practicando con el equipo de Primera, pero era un nene… Tenía 16 y unas condiciones tremendas. Nosotros lo veíamos en los picaditos que hacíamos en los entrenamientos, porque cuando hacíamos fútbol ni siquiera estaba dentro de los 22”, relata el ex jugador y entrenador de Newell’s, actualmente en Colón de Montevideo, Uruguay.

Sabía que venía de un barrio muy humilde. Era guapo y no le tenía miedo a nadie. Él va para el frente y eso tiene que ver con sus orígenes. No la tuvo nunca fácil. A pesar de que siempre fue un dotado con la pelota técnicamente, le costó todo mucho y por eso creo que tiene una rebeldía y una fuerza de voluntad que lo hacen un jugador que no se conforma, que se enoja cuando pierde y que siempre intenta salir adelante”, lo describe.

Lunari veía lo mismo que veían todos cuando Carrascal agarra la pelota: a un crack. El 9 de noviembre de ese año, con varios jugadores lesionados y sancionados, llevó al nene al banco de suplentes. “Vos vas a jugar en grandes equipos, pero toda la vida te vas a acordar que fui yo el que te hice debutar”, le dijo el DT. Y ese día jugó.

El entrenador argentino estuvo en el cargo hasta julio de 2015 y Carrascal fue transformándose más en una anécdota que en una realidad. Con pocos minutos de juego y una sanción de dos meses sin entrenar con el plantel de Primera por volver tarde a la pensión, fue alejándose de los primeros planos. Además, la llegada en su posición del argentino Federico Insúa lo marginó por completo.


EL POLÉMICO TATUAJE

La llegada de Jorge a River no solo resaltó por su parecido a Neymar, sino también, por sus tatuajes, sobre todo uno que tiene en el cuello. Con rojo se tatuó unos labios simulado un beso y esto causó mucha curiosidad. ¿Qué significa? “Me lo hice porque una vez mi mamá se puso cariñosa y comenzó a besarme el cuello. Y bueno… Mi mamá es jovencita y decidí tatuarme el beso en el cuello”, confesó el volante, entre risas.


LEJOS DE CASA

Tras la salida de Lunari, Jorge pasó un año más en Bogotá, hasta que en 2016 el Sevilla de España pagó 900.000 euros por su pase. De esta forma, habiendo demostrado poco, con menos de una decena de partidos en Millonarios, cruzó el Atlántico y comenzó a entrenarse con el equipo filial del Sevilla, de la tercera categoría española.

Fue un año sin pena ni gloria, de adaptación a la nueva vida. Al final, resultó ser la transición a un lugar todavía más remoto, en las antípodas de su Cartagena de siempre. Para la temporada 2016/17, fue cedido al FC Karpaty Lviv de Ucrania con una opción de compra de dos millones.

Lviv es una ciudad muy turística, bastante bonita para vivir en una Ucrania que está en época de guerra con Rusia. En ese entonces había otras ciudades que estaban destrozadas. Por ejemplo, el Shaktar Donetsk, uno de los clubes más importantes, no tiene estadio porque la ciudad de Donetsk la destruyeron”, relata el delantero boliviano Rodrigo Vargas, excompañero de Jorge en esa ciudad recóndita, donde el verano dura dos meses y la temperatura no supera los 25 grados. ¿El resto del año? Temperaturas coqueteando con el cero y entrenamientos con nieve hasta por los tobillos.

En el plantel, además de ellos, había argentinos, colombianos y un uruguayo. Vargas y Carrascal, que no tenían pareja, solían juntarse con el otro colombiano Yhonatan Bedoya y el argentino exjugador de Talleres de Córdoba Catriel Sánchez. Con el resto también salían a comer cada noche y era así como los días helados se hacían más llevaderos. Pero al final de la jornada, cuando cada uno volvía a su casa, quedaban ellos y su soledad.

Jorge arrastraba al resto del equipo -recuerda Vargas desde Bolivia, donde juega en el Royal Pari de Santa Cruz de la Sierra-. Llegó un momento en el que dependíamos de su astucia, de lo que podía hacer para sacar diferencias. El fútbol europeo es muy duro, muy trabajado y tácticamente, están todos bien parados. Ellos tienen todo, pero les falta el desorden que un latino puede crear. Y ese desorden era el que nosotros necesitábamos y sabíamos que en él podíamos encontrar”. Durante el último torneo, Carrascal fue determinante: anotó seis goles y fue elegido como mejor jugador de la Premier League ucraniana, a pesar de que el equipo luchó por el descenso y logró salvarse con un enorme aporte del colombiano.

Lo que parecía en un principio una buena jugada para el Sevilla, porque el Kaparty debía ejecutar sí o sí la cláusula de dos millones tras haber jugado más de 20 partidos en el club, resultó al final un negocio redondo para los ucranianos. El gran nivel demostrado por Jorge despertó el interés de clubes como el Shaktar y el Besiktas turco. Y fue ahí mismo en Turquía, durante la pretemporada del invierno europeo, que llegó una propuesta fuera del libreto. “El tema de River salió de la nada, fue cuestión de un par de días, y cuando nos acordamos ya se estaba despidiendo de nosotros en plena pretemporada. Se fue y él estaba loco, feliz”, resume Vargas.

EL DESAFÍO MÁS GRANDE

River pagó 500.000 euros por su préstamo y fijó una opción de compra de tres millones. Todos los medios se hicieron eco del nuevo fichaje, hablaban del “Neymar colombiano” como la nueva joyita del fútbol argentino. En el primer semestre en el Más Grande pasó desapercibido. Muchos se preguntaban dónde estaba el crack que había llegado con la promesa de astro brasileño. Pero Gallardo siempre sabe. “Lo que hizo Gallardo con él fue espectacular, por cómo lo fue llevando. Tiene esas cosas, los va llevando a los pibes y la gente se pregunta ‘¿por qué no juega?’. Y no juegan porque se da cuenta de que todavía no están. Cuando los pone no le erra. Nunca le pifia”, describe Lunari con evidente admiración, y compara el caso de Jorge con el de Juanfer, que también debió superar una etapa de adaptación.

El entrenador de la Reserva millonaria Luis “Luigi” Villalba cuenta que de entrada Carrascal “demostró que tenía mucha capacidad técnica, mucho talento, pero estaba en pleno aprendizaje del fútbol argentino, adaptándose. Ahora ya es otra cosa. Lo he visto que iba para adelante, con cambios de ritmo y generando cosas interesantes”.

La pretemporada en Estados Unidos fue el punto de inflexión en la confianza de Jorge. Ahí lo fueron conociendo más y pudo integrarse a un plantel que “en el fútbol es difícil de encontrar, porque tienen un corazón grande”. A pesar de que hizo su debut el 17 de marzo de este año, cuando jugó diez minutos en la goleada 3 a 0 contra Independiente, el 27 de julio último volvió a copar todas las portadas de los diarios deportivos. En La Paternal, por la primera fecha de la Superliga 2019/20, anotó el empate ante Argentinos Juniors cuatro minutos después de haber ingresado. Fue su primer gol y el pasaje a la titularidad en Brasil del martes siguiente, cuando River y Cruzeiro definieron los octavos de final de la Copa Libertadores, donde otra vez demostró que Gallardo no se había equivocado.


HOLA MAESTRO

En su primer encuentro con Gallardo el entrenador le dijo que estaba muy contento por su llegada y que iban a trabajar para sacar lo mejor de él: “Gallardo es un entrenador extraordinario. Entiende muy bien, es inteligente y sabe llevar a los jugadores. A mí me ha ayudado y he aprendido muchas cosas. Antes no tenía retroceso, sólo iba para adelante, me quedaba caminando. Además, hay un equipo que te brinda esas condiciones, un equipo tiene su ADN. En River hay jugadores muy talentosos, demasiados cracks, como jugadores y como personas”.


De su vida en Buenos Aires cuenta que es tranquila. En su departamento vive con un amigo de Cartagena y desde hace algunos años su prima también se mudó a la Capital Federal. En ellos se apoya, además de compartir una relación estrecha con Quintero y Rafael Santos Borré, los otros colombianos del plantel millonario: “Con ‘La Máquina’ y el ‘Enano’ me llevo muy bien. Han sido fundamentales y me han apoyado siempre. Los quiero mucho”. Desde su llegada al club dice que hubo una revolución riverplatense en Cartagena, donde “todos andan con sus camisas de River y todo el mundo está pendiente a los partidos”.

Con 21 años cumplidos el 25 de mayo, como la Patria y como River Plate, para Jorge Carrascal este presente es mucho más que un buen pasar profesional: es la demostración de que, a pesar de las necesidades que pasó y de los duros momentos que debió atravesar en su barrio, pudo resurgir: “Vivía en un barrio pesado y salir adelante es complicado. La calle me enseñó muchas cosas, me hizo madurar también y eso lo reflejo en el campo. Fue difícil, pero lo más feo era quedarse en el barrio. Sino era por el fútbol, lo que quedaba era volver a Escallón Villa. Ahí o terminaba preso o terminaba muerto…,  pero también, podía luchar por mis sueños”.

 

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