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Eterno Cavegol

A dos años del merecido homenaje que cerró una carrera marcada por goles, títulos y su amor a River, recordamos esa noche histórica, en la cual el Torito colgó los botines ante 60 mil hinchas.

El sábado 1 de julio de 2017 recordará una fecha especial para todos los riverplatenses. En la cual los hinchas de El Más Grande colmaron las tribunas del Monumental en una peregrinación para homenajear a Fernando Cavenaghi. El moño a una carrera que comenzó en 2001 y tuvo tres capítulos emocionantes. Cayeron lágrimas a la hora de despedir al Cavegol, al recordar al jugador que fue incondicional al club. Quién vivió todo, y a pesar de los vaivenes de la vida supo siempre terminar con una sonrisa. Por haber dejado y logrado todo: ayudar a su River que lo acogió en su adolescencia y llevarlo a lo más alto (de América), una vez más.


Esos sentimientos encontrados, entre el Torito y las miles de almas presentes en las cuatro tribunas del Antonio Vespucio Liberti, le dieron el marco a una noche memorable para condecorar la carrera de un hincha que sintió la camiseta como ningún otro. Así lo demostró una y otra vez. Se cierra una etapa en la vida del hincha de River. Se termina otra para este incansable goleador. ¡Gracias para siempre, eterno Cavegol!

La llegada a su casa

El Monumental fue todo suyo. “Olé olé olá, a Cavenaghi nunca lo vamo’ a olvidar”, fue el grito de emoción que bajó desde las cuatro tribunas. La Sivori Alta lució todo el partido un trapo gigante que proclamaba: “Por amor a la camiseta, gracias Cavegol”. Con una ilustración de uno de sus goles, con el puño el alto y besando el escudo del Millonario. También, estuvieron presentes distintas banderas que agradecían y homenajeaban al Capitán Gol. Otra brillante idea, organizada por la Subcomisión del hincha, fue ilustrar en la platea San Martín alta un corazón y el “FC9” formado por mosaicos rojos y blancos para recibir al Torito cuando salió del túnel para comenzar su histórica despedida del fútbol.


El arte del gol

El artista del gol, una vez más, deslumbró. Su partido homenaje no fue la excepción para que el Cave luciera su calidad por todo el verde césped del Monumental. El Torito marcó cuatro goles en el 6-4 final. El gritó que sobresalió entre sus tantos, fue el que marcó de taco, como aquellos que le convirtió a Independiente, Racing y Banfield. Mucho habrán tenido que ver sus botines blancos, que ha confesado le traen buena suerte. Por eso para su partido homenaje los preparó de dicho color, con su logo y los nombres de su esposa e hijos. Los pinceles del artista del gol para empujar sus últimos gritos de alegría frente a toda su gente.

 

La historia cobijó al Cavegol

Norberto Alonso, Amadeo Carrizo, Ramón Díaz y Américo Gallego, multicampeones de la historia de El Más Grande dijeron presente para brindarles su reconocimiento y cariño al Cavegol. Ramón y el Tolo tuvieron el lujo de ser los directores técnicos designados para el encuentro. El mismísimo Gallego fue quién confió en 2001, en ese juvenil de 17 años que en su segundo partido devolvió su confianza con un gol ante Guaraní. El riojano le dio la titularidad en 2002 para que festejara su primer campeonato y ser convirtiera en el máximo goleador del Clausura. Y fue participe principal de su apogeo como ídolo en su vuelta para el Torneo Final 2014.

Las palabras del corazón

“No hay palabras para esto. Estoy muy orgulloso de ser hincha, ser parte de esta institución, y de haberme criado en el corazón del club desde los 12 años. Le agradezco a mis compañeros, a mi familia que me acompañó desde chiquito para que pudiera cumplir mi sueño de jugar al fútbol, y a mi esposa y mis hijos, que siempre estuvieron conmigo”, expresó Cavenaghi, al borde de las lágrimas, mirando a la tribuna local desde la mitad del campo. “Voy a decir algo que leí en Twitter y quiero repetirlo. Esto no es una despedida, esto es un homenaje, porque yo de este club no pienso irme nunca más”, finalizó, y todo el Monumental coreó al delantero multicampeón que supo ganarse su corazón.


Su mejor equipo

En pleno partido se apagaron las luces y se llamó al “mejor equipo” del Cavegol. Fue ahí cuando su madre, esposa, hijos y familia aparecieron para abrazarlo. Ellos siguieron su carrera, club por club, a pesar de los distintos destinos o momentos. Como lo hicieron sus abuelos, que lo llevaron desde O’Brien a cada uno de sus primeros entrenamientos en el Monumental. También su mamá, quien fue su primer DT. La que armó un equipo para que su hijo pudiera jugar al fútbol sin que lo dejaran afuera por su corta edad. Sumado a los recuerdos de su papá y del tío Elvio, que le inculcaron la pasión por la redonda.

 

*Conseguí la edición Nº 63 en  —>> Tienda 1986.

 

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