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“Salir campeón con River es algo único”

Leonardo Astrada ganó doce títulos como jugador del Más Grande y también dio la vuelta olímpica siendo el DT. Con casi 27 años en el club sumando sus distintas etapas, conoce como pocos los secretos el día a día y la responsabilidad que implica ser el mediocampista de marca en un equipo con ADN ofensivo. Vida y obra de un ícono de River.

Por Germán Balcarce.

Su nombre inmediatamente está asociado al éxito, a una época dorada de River. Una vuelta olímpica tras otra. Líder y capitán, Leonardo Rubén Astrada dejó una huella enorme, imborrable. Vistió la banda roja en 13 de sus 14 años como jugador profesional. Ganó 12 títulos en ese lapso: diez locales y dos a nivel internacional. Fue el soporte indispensable para que brillaran grandes cracks como Enzo Francescoli, Ariel Ortega, Hernán Crespo, José Marcelo Salas, Marcelo Gallardo, Javier Saviola y Pablo Aimar, entre otros. A él no le tocó estar en el centro de la escena ni ser el elegido para pósters ni publicidades. Sin embargo, fue clave en las conquistas del Más Grande en uno de los ciclos de mayor gloria. Por eso elegimos al querido Negro para contar su historia, la de un Jefe tan respetado como querido por sus compañeros. Un hombre común del que siempre se escucharán buenas referencias más allá de los elogios que supo cosechar merecidamente cuando lució la camiseta número 5 de River.

UNA VIDA EN RIVER

Astrada es uno de los futbolistas que mayor recorrido tuvieron en el mundo River. Creció, evolucionó, se asentó, triunfó y, una vez retirado del fútbol, asumió como DT del equipo apenas seis meses después: son casi 27 años, toda una vida en el club. “River es mi segunda casa”, asegura, sin ningún tipo de exageración.

¿Cómo llegó al club? “Jugaba al Papi Fútbol cerca de la zona, en Atlético Boulogne. Mi papá tenía el taller a tres cuadras del Monumental. Antes de ir al taller, desayunaba en un bar. Un hombre que iba a River, se puso a hablar con mi viejo de fútbol y le dijo ‘¿por qué no le preguntás a tu hijo si quiere probarse en River?’. Vino mi viejo, me preguntó y le dije que sí. Yo tenía ocho años”, recuerda el Negro en diálogo con Revista 1986, desde su hogar en zona norte.

-¿De qué jugabas en ese momento?

-No tenía una posición. En mi vida había jugado en cancha de 11. Era jugar a la pelota, entrar a un potrero. A veces jugaba de defensor, de ahí iba al medio y luego arriba. Era como se iba dando el partido. Me tuvieron dos meses a prueba en River para que fuera dos veces a la semana y me pudiera ambientar con el grupo que ya estaba conformado. Querían que tomara confianza para ver si tenía condiciones de competir con el plantel. Quedé y, a partir de ahí, empezó la historia.

Con esfuerzo, aptitudes técnicas y paciencia, Astrada logró su objetivo. “El proceso de Divisiones Inferiores es de seis años, pero en realidad son cuatro en River porque hacés Novena, Octava, Séptima y, si en Sexta no saltabas a Tercera, era difícil quedar dentro de los posibles integrantes de un plantel de Tercera División y luego de Primera. Mi categoría era muy buena y a mí me había empezado a agarrar la desesperación porque veía que mis compañeros comenzaban a subir a la Tercera. Por suerte, tuve a dos grandes maestros dentro del proceso de Inferiores como Adolfo Pedernera y Martín Pando. Me agarraron en ese momento y me dijeron ‘Negrito, no hay que desesperarse, tu momento ya va a llegar’. Ellos no querían que la categoría se desarmara por completo. Querían que el proceso fuera más lento y no subiéramos todos juntos. A mí y a otros compañeros nos ponían cuatro o cinco partidos en Quinta y, una vez que nos acomodábamos, empezábamos a jugar en Cuarta para competir con físicos mayores, con otra estructura. Así nos preparábamos para lo que podía llegar a venir”, remarca el Jefe.

 

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