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Salió la #97: Rojas, el defensor contracultural de River

Aunque se lo conoce como el Sicario, está lejos de ser un marcador central agresivo: tiene condiciones técnicas, timming, rapidez y se caracteriza por el juego limpio. Humilde y sencillo, suele pasar sus vacaciones con trabajo familiar. La historia de Robert, un jugador que este año mostró por qué Gallardo lo pidió en enero de 2019.

AUTOR: Germán Balcarce.

El apodo es injusto. Totalmente ajeno a la realidad. Los números reflejan que no hay una relación entre el sobrenombre y sus características. Lejos de intimidar a los rivales o dejar su sello cuando el árbitro está mirando el curso de la pelota en otra zona de la cancha, Robert Rojas es un defensor tan fuerte para la marca como limpio para los cruces y quites. En 30 partidos oficiales con la camiseta de River, el denominado Sicario no sufrió expulsiones y tan sólo recibió una tarjeta amarilla frente a Racing. Además, en Guaraní, el club donde jugó de manera profesional en Paraguay, el marcador central de 24 años vio una tarjeta roja en 79 presentaciones por los puntos sumando competencias locales e internacionales.

Figura en el primer trimestre del año, antes de que la pandemia le pusiera un freno al fútbol, Rojas dejó ser un miembro más del plantel para consolidarse y ganarse el respeto de los hinchas. Ahora, en vísperas del regreso a la actividad, Revista 1986 eligió contar la historia de este hombre que prefiere el perfil bajo y, pese a vestir el manto sagrado, mantiene la vida de una persona absolutamente común.

SOBRENOMBRE

Sin patadas, acciones violentas ni polémicas desde que llegó a River, es imposible entender que a Rojas se lo conozca como el Sicario, cuya definición responde a “una persona que mata a alguien por encargo de otra, recibiendo un pago en dinero u otros bienes”. Tan exagerado como lejano hasta para la metáfora futbolística. Sin embargo, el apodo quedó instalado como consecuencia de una broma cuando recién se había integrado al plantel de Guaraní, a principios de 2017. Edgar Aranda, un experimentado mediocampista que actualmente viste la camiseta de Independiente de Campo Grande (Paraguay), consideró que el rostro del querido Robert provocaba un cierto grado de intimidación. “Le puse el apodo por la cara de malo. Solamente por eso”, reveló el volante de 34 años, en diálogo con Cardinal Deportivo.

CONTRACULTURAL

Peguahomi, un pequeño municipio ubicado en el departamento de Concepción, más de 400 kilómetros al norte de Asunción en camino terrestre, es el lugar donde nació Rojas. Allí suele pasar sus vacaciones el defensor, lejos de las playas paradisíacas, las ciudades acompañadas por cordones montañosos o grandes centros urbanos.

Aunque dio un salto de calidad y mostró suficientes condiciones para emigrar a Europa en un futuro, Rojas no perdió la sencillez en lo más mínimo. De hecho, causó sorpresa cuando un medio del país vecino logró encontrarlo en plena cosecha de mandioca y con un sombrero de paja, imagen completamente opuesta al típico futbolista vestido a la moda. Como si fuera poco, no sólo contribuye en la chacra familiar, sino también en la despensa que habitualmente está a cargo de su padre, Nicolás. “Yo disfruto estando acá con mi familia, ayudando en lo que pueda, y encontrándome con amigos y primos”, le explicó a Olé, en diciembre pasado.

Aunque ya tiene un buen pasar por vestir la camiseta de River, Robert mantiene la humildad y no olvida sus raíces: conversa tanto en castellano como en guaraní con la misma facilidad.

 

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