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El loco del sahumerio

En el momento en que acusaron a River de hacer magia negra, en la Centenario baja apareció una persona que desde la Libertadores pasada hace un ritual con un sahumerio. Revista 1986 conoció al hincha que tiene un santuario dedicado al Millonario.

*Por Joaquín Ferrero

Eran una de las semifinales más complejas que debía afrontar Marcelo Gallardo, o mejor dicho Matías Biscay. El Millonario había perdido 1 a 0 en el Monumental y en tierras brasileñas buscaba la hazaña. Pero la banda no estaba sola, 4000 hinchas acompañaron en esa histórica velada, en la que tras el fortuito gol de Gremio, River tuvo un desafío más complejo aún. La irrupción del Muñeco en el entretiempo para motivar a sus jugadores, a pesar de la prohibición que le había impuesto la Conmebol, dio la vuelta al mundo. Todavía muchas personas deben creer que esa aparición provocó un giro en el partido.

Pero no solo eso hizo que el Millonario pudiera clasificar a la siguiente fase, desde la tribuna del Arena do Gremio, una persona aportó su granito de arena para que las cosas se dieran como todo el pueblo riverplatense lo deseaba. Matías Eckerdt viajó 1300 kilómetros con un amuleto especial.

En los accesos al estadio se las ingenió para burlar los operativos de seguridad y lograr entrar con un sahumerio, de esa manera él podría cumplir con el ritual exorcizante que tenía pensado realizar para ahuyentar los malos augurios. Tras el partido en Twitter, una persona pedía información sobre él para poder darle un abrazo. Ese abrazo nunca llegó, pero esa imagen fue el puntapié inicial de esta historia.

El rito había comenzado en los octavos de final frente a Racing, porque Matías sentía que debía combatir la mufa que carga el club de Avellaneda. Quienes lo rodeaban le exigieron que siguiera con el ritual en la próxima llave frente a Independiente. El Millonario pasaba de ronda y el sahumerio seguía vigente. El hincha espiritual contó: “Llegó Porto Alegre; me lo encanuté bien porque no sabía cómo podía reaccionar la policía, me lo encinté, pasó el sahumerio, lo clavé en un ajo y lo encendí para hacer mi rito”.

Por otro lado, sobre el surgimiento y el significado sus hechizos, él explicó: “En casa somos esotéricos, el sahumerio es para la buena vibra y el ajo simboliza el alejamiento de las malas energías, es como un procedimiento que siento que tengo que hacer en mi interior para que funcione, aunque puede fallar”.

Sin embargo, no solo es el ritual que realiza en el Monumental. Matías tiene una especie de altar con duendes, peluches y muñecos. Para él es como la oficina de los duendes. Todos ellos tienen nombre, pero son un poco complicados de pronunciar porque son todas consonantes, como todo duende de bosque: Grrn, Trrmk, Lrrm y Gllrd. La elección de estos nombres, según cuenta, surge de palabras que vienen a su cabeza. Por ejemplo, el duende Lrrm fue bautizado a partir del sonido de una alarma, por la sirena de los bomberos y Gllrd en homenaje a Marcelo Gallardo.

También, se sumaron sapos en el espacio que les armó en la mesa de estar del living. “Tengo una camiseta de River y están todos los duendes, los sapos, un osito, una casita que me regalaron en Alemania. Para mí es la casa de los duendes, les doy monedas todas las noches y les rasco la cabeza, a cambio les pido buena vibra”, agregó.

Y uno de los duendes salió del Monumental, se lo dieron en River Solidario, porque estaba entre las cosas para donar. Matías sintió como una atracción, que el duende tenía que estar con él. Cerca encontró un peluche que tenía un corazón, entonces luego, se lo pegó al duende y el duende gallina que aporta su magia y lo acompaña a los banderazos y a la confitería cuando hay un partido relevante.

Una caída para después levantarse

El 2011 fue un punto de quiebre tanto para él, como para el Millonario. Por su parte Matías tuvo que atravesar una operación de la cadera por un tumor benigno. Superó esa barrera que le presentó la vida a los 24 años, estuvo ocho meses en muletas. Tiene una limitación en la movilidad pero puede caminar y seguir con su vida. “Dejé espacios que no me dejaban crecer y emprendí un nuevo camino. A la vez, descubrí una nueva pasión que es la pintura y tomé clases. Veo una mancha en la pared y encuentro algo para pintar, veo una forma, me dedico a la abstracción”, comentó sobre su superación. Pero por el otro, según Matías, River tuvo su punto de quiebre cuando se fue al descenso y agregó: “Fue muy duro para todos, pero a pesar de ello, el hincha se mantuvo firme. Salimos campeones de un torneo muy duro, con partidos chivos y entre Almeyda y Ramón Díaz empezaron a preparar el terreno. Almeyda tuvo momentos de bueno juego, Ramón le dio su impronta ganadora y Gallardo sembró todo lo que vemos ahora, esa confianza, ese instinto de ver a Boca y decir ‘Yo a Boca no le tengo miedo, yo a Boca le voy a ganar’. Tenemos algo que antes no nos pasaba”.

El punto más alto fue en la final de la Libertadores, vivió el partido de vuelta en la confitería. Llevó como se había hecho costumbre el sahumerio y el ajo, lo encendió y recorrió el anillo interno. Como comentó en el gol del Pity explotaron de emoción los hinchas y habló sobre su experiencia: “Agarré la mesa la reventé a golpes, era un caos, gente abrazándose por todos lados, llorando, mirando al cielo, sosteniéndose la cara y agradeciéndole a Dios. Una locura. Después salí, y en medio de la lluvia salió el arcoiris, un cielo lleno de colores que decís, ¿de dónde carajos salió esto? Bueno, es magia”.

La misma magia que tiene nuestro técnico, como cuando apareció en el balcón tras el triunfo en La Boca y Matías pudo estar presente entre los hinchas. Porque él no tiene ídolos, pero por el Muñeco tiene un amor especial, porque es un líder y a través de Napoleón puede inspirarse. “Admiro la capacidad de gestar que tiene Gallardo y ese el mensaje que transmite, que no dejamos de ser personas ante todo”.

Fuera de la faceta de hincha, nos encontramos con una persona de 33 años, que tiene una novia con la que comparte su vida y sueña con llevarla a que conozca el Monumental. Una persona con una calidad humana ejemplar, porque se sumó a hace tres años y medio a la Subcomisión solidaria de la filial de Avellaneda y participa de la organización de todas las actividades que surgen para aportar un granito de arena en la sociedad.

Este año se recibió de Licenciado en Educación en la Universidad Nacional de Quilmes, aspira a encontrar un trabajo para ejercer la docencia y al mismo tiempo estudia el profesorado de Educación. De lo que no quedan dudas es que es el maestro del sahumerio.

El rito

El hechicero del Monumental contó qué es lo que piensa cuando comienza con el ritual.

La primera imagen que se me viene es el Muñeco, vos lo escuchás hablar y es un hombre que realmente, nos calzó como anillo al dedo y yo creo que se va a quedar mucho tiempo más. Entonces se me viene a la cabeza Gallardo y digo tanto tiempo esperando por este hombre, este líder y nos cambió la mente, nos cambió la vida, nos cambió muchas cosas. Y ahí empiezo a pensar en el hincha, se me cruza todo en un segundo, las cosas buenas, las malas y pido por la buena energía. Que ante todo sea un buen espectáculo, porque me gusta que el rival juegue y que también, sea un lindo espectáculo para que podamos ver. Obviamente, que River gane y que alentemos, que estemos unidos.

 

Sus inicios en la filial

Su abuela conoció en el centro de jubilados a Salvador Matera, Presidente de la filial Avellaneda en su entonces y este lo invitó a sumarse. Me enganché con lo solidario, porque Matera coordinaba la Subcomisión solidaria y confió en mí para que me encargara. En su momento no era socio, conseguía entradas por Somos River. Con el paso del tiempo, me dieron una mano para que me hiciera socio y conseguí el abono de Tu Lugar en el Monumental. ¡Todo esto gracias a la nonna!

 

Su primera vez en el Monumental

Matías recuerda todavía las primeras sensaciones que tuvo al entrar al majestuoso estadio de River. “El primer día que vine al Monumental fue con un compañero de la secundaria, tenía 17 años. Surgió ir a la cancha y sacamos entradas para la popular. Al entrar agarré las banderas, en ese momento venían Los Borrachos del tablón y mientras yo disfrutaba de todo el color y el folclore, un muchacho se acercó y me dijo, ‘Flaco soltá el trapo porque te mato’”. Así fue que empezó a conocer los códigos de cancha. El cuenta que la locura de verlo en vivo y en directo le genera la adrenalina que la tele no logra transmitirle.

Siempre me gustó estar en el corazón de la hinchada y soy de los que les gusta agitar, el agite sano, el agite lindo, me gusta que la hinchada esté conectada, cosa que necesitamos estar más conectados ahora porque nos falta el motorcito. El sector Centenario baja me gusta mucho, la primera vez que vine fue cuando se despidió el Muñeco, que perdimos contra Tigre y la hinchada fue una fiesta total, para colmo arriba estaba la hinchada de ellos. Hace tres años y medio consecutivos que vengo acá, siempre al mismo sector. Antes alternaba San Martín alta y Sívori.

 

Hablando un poco de fútbol

Al responder sobre cuál fue el equipo que más disfrutó de la era Gallardo, Matías respondió: “Disfruté mucho el River de la Sudamericana, el partido contra Atlético Nacional en la final yo estaba en la San Martín alta y el equipo era una cosa imparable, tenía una motivación, un instinto de ir a cada pelota con una vorágine como lo está haciendo ahora, que es esa presión alta, el no parar los 90 minutos y fue una máquina en esa final River”.

A su vez, encontró una similitud con el actual plantel que va por el bicampeonato: “Cuando está enchufado le es imposible al rival poder gestar juego, como lo hace River, porque cuando te roba la pelota enseguida los jugadores están bien posicionados y tocan de primera, parece el papi fútbol en una cancha de once”. Yo creo que ese River, va rumbo a lo que dijo el Pelado Almeyda, a ser el Barcelona de Sudamérica. Yo creo que estamos en ese proceso, River está jugando muy bien.

 

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